Mateo 16:22-23 dice “Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”.
En este pasaje, uno de los discípulos más cercanos a Jesús, llamado Pedro, trata de convencer al Señor de que no debía morir en la cruz. Las razones que le daba eran muy válidas y convincentes, pero tenían el detalle que no eran la voluntad de Dios. Pues la voluntad de Dios era que Jesús padezca y muera en la Cruz. El Señor reprende muy fuertemente a Pedro al final.
Al ver sufrir a otras personas, o al verlas pasar un mal momento, muchas veces nos ponemos a pensar, que habrá hecho esta gente para merecerse lo que está pasando. Es que creemos que el dolor y el sufrimiento son castigos que le llegan a personas que han hecho muy mal las cosas. En 2 Timoteo 2:3 dice “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”. El apóstol Pablo enseña a su Joven discípulo Timoteo que si deseaba crecer en su servicio a la obra de Dios, necesariamente debía sufrir.
1 Pedro 1:6-7 dice “aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. Pedro refiere a que las pruebas tienen la misión de fortalecer la fe.
Vemos que las pruebas, el dolor o el sufrimiento, en realidad no son enemigos de los hijos de Dios, sino sus principales aliados. Por supuesto que no es agradable sufrir, pero es el camino por el cual Dios nos lleva a la excelencia y permite que sobre nuestras vidas se derrame un mayor peso de gloria.
No tengas miedo a sufrir, y sobre todo, no permitas que el dolor dañe tu corazón. Cuando estés pasando por un momento difícil, recuerda que es Dios trabajando sobre tu vida, y que está perfeccionando su obra en ti. El Señor no está tratando de destruirte, sino de fortalecerte. En medio de la prueba lo único que no debes hacer por nada del mundo es dudar del amor que Dios tiene por ti.


