Proverbios 12:18 dice “El charlatán hiere con la lengua como con una espada, pero la lengua del sabio brinda sanidad”.
La espada es una de las armas de guerra más eficaces utilizadas a lo largo de la historia. En sus diferentes formas, fue diseñada para atravesar escudos y armaduras, triturar huesos y cortar la carne. Hecha para causar el mayor daño posible por el máximo de tiempo posible.
La Biblia compara la lengua del charlatán, o del que no sabe medir sus palabras, como una espada. Y esto se debe justamente por el daño que pueden causar las palabras imprudentes, inapropiadas o fuera de lugar. Santiago 1:19 dice “Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, pero no apresurarse para hablar ni para enojarse”. Tres errores se pueden cometer con la lengua. El primero es hablar sin escuchar. El segundo hablar sin reflexionar lo que se dice. Y el tercero es hablar con ira en el corazón. Cada una de estas formas de hablar puede terminar por causar heridas de muerte en otras personas.
Mateo 12:36-37 dice “Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te declarará inocente y por tus palabras se te condenará”.
Lo que dices no es algo que se pierde en el olvido. Tus palabras tienen efecto natural y espiritual. Cuando hablas mal, haces comentarios u opiniones indebidos, te pones a murmurar o criticar. Insultas o maldices a alguien. Todo esto está siendo escuchado por Dios y siendo registrado. Y un día vas a rendir cuentas por tus palabras.
Por eso, el consejo que nos da la Biblia es que utilicemos esta poderosa arma que es la lengua de la manera correcta, y solo cuando es necesaria ser utilizada. Que Dios te de sabiduría para no enredarte con tu propias palabras. Que tus palabras no condenen, sino que salven.


