Salmos 27:3 dice “Aun cuando un ejército me asedie, no temerá mi corazón; aun cuando una guerra estalle contra mí, yo mantendré la confianza”.
El miedo es un sentimiento que sirve para avisarte que existe un peligro latente. Es para que te mantengas atento y puedas actuar adecuadamente frente a situaciones adversas. El propósito correcto del miedo es llevarte a reaccionar y tomar decisiones concretas, sabias y prudentes frente al peligro.
Sin embargo cuando el miedo te supera y se apodera de tu corazón, en lugar de ser tu aliado, se vuelve tu peor enemigo. Te paraliza, te atormenta, te impide razonar, y hasta te hace huir de situaciones que son absolutamente controlables. Algunas personas, incluso por el miedo, entran en pavor o en pánico. En situaciones extremas hay quienes llegan a la locura.
Lucas 19:20-22 dice “Llegó otro siervo y dijo: Señor, aquí tiene su dinero; lo he tenido guardado, envuelto en un pañuelo. Es que le tenía miedo a usted, que es un hombre muy exigente: toma lo que no depositó y cosecha lo que no sembró. El rey contestó: Siervo malo, con tus propias palabras te voy a juzgar. ¿Así que sabías que soy muy exigente, que tomo lo que no deposité y cosecho lo que no sembré?”.
En la parábola de los talentos Jesús compara al reino de los Cielos con un amo que repartió sus bienes a tres siervos para que negociasen con esos recursos. Sin embargo el último siervo que se presentó delante de su Señor argumentó tener miedo y que por eso no pudo hacer lo que el amo le pidió.
Para Dios el miedo no es un argumento válido para detenerse y no avanzar en la vida. Mateo 11:12 dice “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él”.
2 Timoteo 1;7 dice “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
El miedo puede ser un límite que condiciones de manera absurda tu existencia. Si permites que el miedo te controle, lo más probable es que termines en el más completo fracaso en todo.
Es por ello que te animo a que te levantes en fe, creyendo que Dios está de tu lado, y avanzando a paso firme en la vida, sabiendo que el Señor va contigo a donde quieras que vayas.
Identifica tus miedos, ora contra ellos y repréndelos de tu corazón. Invita al Espíritu Santo a que te llene de su presencia.


