1 Samuel 18:6-9 dice “Ahora bien, cuando el ejército regresó, después de haber matado David al filisteo, de todos los pueblos de Israel salían mujeres a recibir al rey Saúl. Al son de liras y panderos, cantaban y bailaban, y exclamaban con gran regocijo: Saúl mató a sus miles, pero David, a sus diez miles. Disgustado por lo que decían, Saúl se enfureció y protestó: A David le dan crédito por diez miles, pero a mí por miles. ¡Lo único que falta es que le den el reino!. Y a partir de esa ocasión, Saúl empezó a mirar a David con recelo”.
Romanos 12:17-20 dice “No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. No tomen venganza, queridos hermanos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor. Antes bien, Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que se avergüence de su conducta”.
David, al matar a Goliat, había salvado a Israel de una derrota segura por parte de los filisteos. Y a la vez había salvado el reinado de Saúl, al permitirle la victoria sobre sus enemigos.Sin embargo, cuando llegaron los reconocimientos a David por su conquista, Saúl, en lugar de alegrarse se enojó muchísimo contra David, y se llenó de celos al punto de querer matarlo. Quizás muchas veces te toque atravesar por este tipo de situaciones, donde la persona de la que esperas el mayor apoyo, su amistad o su ayuda, sea la que te traicione, te lastime o te perjudique de alguna forma. O puede pasar también que hayas actuado con la mejor intención, procurando hacer algo bueno, pero fuiste rechazado o mal tratado a pesar de esas buenas intenciones.
Frente a los que te ignoran o buscan tu mal, no procures la venganza o atacarlos con las mismas armas. Ora a Dios por ellos, y entrégales en sus manos, que es lo mejor que puedes hacer. Porque si Dios te defiende, tus enemigos no tienen ninguna chance.


