Mucho se habla del poder y el efecto que tienen las palabras. Las declaraciones que hacemos no solo tienen un efecto natural, sino que también un efecto espiritual. Proverbios 18:20-21 dice “Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; Se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos”.
Frente a las diferentes situaciones y momentos que vamos atravesando, tenemos un repertorio de palabras y un lenguaje que usamos para ese momento. Pueden ser palabras de ánimo o esperanzadoras, como de queja o de derrota, dependiendo las circunstancias.
Mateo 8:5-8 dice “Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará”. Este Centurión entendía que con sólo una palabra de Jesús era posible que su criado sanase.
La respuesta de Jesús fue la siguiente en Mateo 8:10 “Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe”. El Señor se vio sorprendido frente a esta persona que ni siquiera era judía, pero que entendía claramente el poder de las palabras declaradas con fe.
El lenguaje del Cielo no es un lenguaje que nazca desde el temor, o las dudas o la incredulidad. Frases como: “perdí toda esperanza”, “me da miedo hacerlo”, “no soy capaz”, “esto es imposible”, son solo algunas frases que salen del lenguaje terrenal.
Pero, si quieres experimentar verdaderos milagros en tu realidad, debes aprender a utilizar las palabras a tu favor y no en tu contra. Comienza a hablar en fe. Declara lo imposible, lo que no se puede, lo que no te sientes capaz de hacer, aquello que parece que ya no va a suceder. Cuando hablas en fe algo sobrenatural se desata y Dios hace posible aquello que no lo era.
Cuando hablas en fe, autorizas al cielo a trabajar en favor que suceda aquello que esperas pero que no está a la vista.


