Lucas 17:5-6 dice “Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería”. Los discípulos de Jesús, al ver las cosas que este hacía, pidieron que le aumente la fe para poder hacer esas mismas señales.
Pero El Señor, a través de este pasaje, les enseña que los milagros y las maravillas sucederían, no por su cantidad de fe, sino por usar la fe que ya tenían. Romanos 12:3 dice “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. Hay una medida de fe dada a cada creyente, según Dios consideró oportuno, para que cada uno lo use con cordura dice la Biblia.
Es decir, no se trata de cuanta fe tengas, sino de saber que puedes hacer con esa fe y como usarla. Y, esa es la clave de un cristianismo exitoso, aplicar la fe. Sin embargo, muchos cristianos utilizan su fe apenas para salvación, y en lo demás en la vida se arreglan con lo que pueden o lo que saben, pero no utilizan la fe.
La fe sirve para hacer que Dios obre a tu favor. Pero ¿cómo se activa? No se trata de gritarle al diablo, o las crisis, o las dificultades. Romanos 10:10 dice “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. Cuando crees posible que Dios haga algo, y lo declaras, indefectiblemente él lo hará.
Quizás estés necesitando que Dios obre en algunas áreas de tu vida. Lo mejor que puedes hacer es comenzar a ver tu realidad transformada. Dios solo puede hacer lo que vos crees que puede hacer y lo que declaras que puede hacer. Nada más que eso. Vas a experimentar milagros extraordinarios, pero en la medida que apliques la fe que tienes.
No es por la cantidad de fe que tengas, sea mucha o sea poca, que sucederá lo de Dios. Sino porque apliques esa fe que tienes.


