Mateo 4:1 dice “Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo”.
Después de ser bautizado en el río Jordán por Juan el Bautista, Jesús fue llevado por el Espíritu Santo inmediatamente al desierto. Ese era para él un lugar de prueba y de muchas tentaciones, donde Satanás aprovechó los momentos de debilidad del Señor para incitarlo a pecar contra el Padre.
Los desiertos son inevitables en la vida de cualquier persona. Aun cuando ames a Dios profundamente, los desiertos van a llegar. Se evidencian a través de crisis y dificultades que parecen imposibles de tener salida.
Algunos llegan por medio de fracasos. Otros por medio de una enfermedad. Algunos por crisis con personas a las que amamos. Pueden ser también situaciones económicas insostenibles. A otros puede llegarles por medio de una depresión.
Es decir que existen muchos factores que nos pueden hacer sentir que estamos en un desierto. Pero los síntomas son siempre los mismos: soledad, dolor, desesperación, tristeza, miedo, incertidumbre y muchas veces enojo.
Ahora, algo que tienes que saber es que los desiertos tienen una entrada y una salida. 1 Corintios 10:13 dice “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir”.
1 Pedro 1:6-7 dice “Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele”.
El desierto es un lugar desagradable para nosotros. Pero para Dios, es necesario que sus hijos pasen por los mismos. Hasta Jesús tuvo que atravesarlo. Pero esto es por varias razones: Sirve para conocer mejor a Dios. Sirve para afianzar la fe. Sirve para vencer al diablo en aquellas áreas de nuestra vida que nos tiene aprisionados.
Hay personas que no salen nunca más de sus desiertos, y aprenden a vivir dentro de ellos. Pero se quedan detenidos y estancados allí. Dios no quiere que sea de esta manera. Él desea que el desierto sea un lugar de paso y de aprendizaje para ti.
El desierto es como un laberinto con entrada y salida. Dios está desde arriba, conociendo el camino correcto, deseoso a guiarte para que salgas victorioso de ese lugar. Si buscas su ayuda, por medio de una relación con él, pronto estarás afuera, y habrás crecido en experiencia, fe y conocimiento.


