Eclesiastés 3:1 dice “Todo tiene su momento oportuno; hay tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo”.
Un dicho reza que el tiempo vale oro. Pero si nos ponemos a analizar desde una mirada más profunda, muchas veces el tiempo no se puede comprar ni con oro. Es decir que tiene un valor más importante que ese metal preciso. Y, de hecho que saber aprovechar el tiempo de la forma correcta es el resultado de tener sabiduría.
Efesios 5:15-17 dice “Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor”.
Ahora ¿Cómo es posible aprovechar bien el tiempo? y ¿Cómo sé que estoy aprovechando bien el tiempo?
La respuesta a estas preguntas está, primero en reconocer que el tiempo es vida y que la vida no te pertenece, sino que le pertenece a Dios. Él te la da y él te la quita. Y esto es cuando el Señor quiere. No puedes decidir sobre ello.
Es decir que en algún momento vas a rendir cuentas a Dios de como gastaste tu tiempo, de cómo gastaste tu vida. Y allí no habrá excusas. No podrás buscar culpables y será muy tarde como para arrepentirte de cualquier cosa. Por ello, si tienes temor de Dios, debes evaluar de cómo estás invirtiendo tu tiempo, si lo estás haciendo de la manera que agrada al Señor o no. Pero además tienes que reconocer los momentos oportunos para cada cosa.
Y Dios, en su infinita sabiduría, separó el tiempo, y también la vida de las personas por etapas y temporadas. Así como el año se divide en distintos tiempos, la vida humana también lo hace.
Tienes que reconocer en qué etapa de tu existencia estás, y qué es oportuno hacer en esta etapa. Es decir, saber qué el Señor espera de ti para este momento.
No desaproveches tu tiempo ni lo mal gastes. Una vez que el tiempo pasó, ya no vuelve más. Mira de organizar cada momento para explotarlo al máximo.
Si eres niño, haz cosas de niño. Si eres joven, debes prepararte para la vida. Si eres adulto, vive con responsabilidad. Si eres anciano, apuntala a las generaciones que vienen detrás de ti.
Tu historia será recordada sobre todo por Dios. Porque él la está escribiendo. Que esa memoria de tu vida sea una que inspire y que deje huellas dignas de ser seguidas por alguien más. Y en esto es fundamental la manera en que inviertes tu tiempo.


