2 Crónicas 1:7-12 dice: “7 Y aquella noche apareció Dios a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te dé. Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?… 11 Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, 12 sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti.”
Salomón fue elegido como rey sobre Israel después de la muerte de su padre David. Entonces el Señor le da la posibilidad de elegir lo que deseaba y consideraba necesario para poder desarrollar su tarea, a lo que Salomón responde pidiendo sabiduría. Dios le contesta que porque pidió sabiduría y ninguna otra cosa, el Señor le daría provisión de todo, mucho más que cualquier otra persona haya recibido jamás.
Así como a Salomón, Dios nos da a cada uno la posibilidad de pedir lo que consideremos más importante. Salmos 2:8 dice “Pídeme, y como herencia te entregaré las naciones; ¡tuyos serán los confines de la tierra!”. No existen límites para aquel que tiene fe. Marcos 9:23 dice “Para el que cree, todo es posible”.
Ahora, de entre todas las cosas que puedes llegar a obtener en esta vida, lo más importante es la sabiduría. Nada se compara con el hecho de poder actuar correctamente en el momento justo. Y, de esto se trata la sabiduría, de ser oportuno.
Ser oportuno es actuar en el tiempo correcto, ya sea de palabras o de hecho. Es la capacidad de tomar decisiones adecuadas sin temor a equivocarse. Una persona sabia no desperdicia sus palabras y reconoce el valor de los silencios. El sabio da importancia a escuchar antes que hablar.
Si aprendes a actuar con sabiduría, todas las bendiciones de Dios se van a derramar sobre ti. Salomón no pidió otra cosa, porque no le hacía falta nada más. Si tienes sabiduría no existe crisis, problema, adversidad que pueda afectarte. El Sabio es un vencedor absoluto.
