Mateo 27:38-44 dice “Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Los que pasaban meneaban la cabeza y blasfemaban contra él: —Tú que destruyes el Templo y en tres días lo reconstruyes, ¡sálvate a ti mismo! Si eres el Hijo de Dios, ¡baja de la cruz! De la misma manera, se burlaban de él los jefes de los sacerdotes, junto con los maestros de la Ley y los líderes religiosos.
—Salvó a otros —decían—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo! ¡Y es el rey de Israel! Que baje ahora de la cruz y así creeremos en él. Él confía en Dios; pues que lo libre Dios ahora, si de veras lo quiere. ¿Acaso no dijo: “Yo soy el Hijo de Dios”? Así también lo insultaban los bandidos que estaban crucificados con él”.
Jesús, en el proceso de crucifixión, sufrió toda clase vejámenes. Pero las peores burlas e insultos las recibió estando a punto de morir. Lo llamativo del caso es que él en cualquier momento del proceso podría haber dicho ¡Basta ya! Y todo el Cielo hubiera corrido a socorrerlo. Sin embargo no lo hizo, sino que soportó de todo hasta el final.
Y lo hizo por dos razones. La primera es porque él sabía quién era y ninguna circunstancia del mundo podría cambiar eso. Y segundo es que conocía su propósito en la vida, y no estaba dispuesto que absolutamente nada ni nadie se interponga entré él y su propósito.
Una identidad clara y un propósito definido te harán luchar hasta los límites más insospechados con tal de sostenerte en quién eres y lograr lo que te propones. Aun cuando todo el mundo se te oponga, si sabes quién eres en Cristo y para qué estás en esta tierra, no existen límites para ti.
Ahora, tu propósito realmente tiene sentido cuando este trasciende a esta vida. Lamentablemente cada vez existen menos personas dispuestas a morir por lo que creen y lo que quieren lograr. Están dispuestos a dar pero solamente si eso no significa salir de la comodidad, y siempre viendo que beneficio pueden alcanzar a cambio.
Filipenses 2:5-11 dice “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
Cuando te apropias de tu identidad en Cristo y pones lo mejor procurando lograr la asignación que él te encomendó. Es Dios mismo el que te va a sostener en sostener tu identidad y alcanzar tu propósito. Así que no tienes por qué tener miedo a las dificultades. Al final siempre vas a terminar venciendo.
Recuerda, eres hijo de Dios, amado, bendecido, y no existe nada en el mundo que pueda detenerte. Y lo que hagas en Cristo tiene sentido y propósito eternos.


