Cuando un niño pequeño llora porque desea comer, la madre le da el alimento, no porque este se lo merece, sino porque lo ama. Así mismo, el Señor bendice, cuida y prospera a los hijos de Dios, no porque estos se merezcan, sino porque los ama.
Mateo 7:7-11 dice “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”.
Muchas veces reclamamos y nos quejamos creyéndonos merecedores de aquello que deseamos. Queremos tener todo lo mejor en todo, pero no hacemos ningún mérito para obtenerlo. Sentimos que debemos ser bendecidos por ser nosotros, y no importa que le pase a los demás, con tal que disfrutemos de lo bueno, con eso está bien.
En Génesis 12:2 El Señor le dice a Abram “te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. Para el Señor no solo era importante bendecir a Abram, sino que él también pueda ser de bendición. Dios no solo esperaba que Abram disfrute de su bendición, sino que la comparta.
Cuando aprendes que Dios te bendice no porque te lo mereces, sino porque te ama, y que desea que seas generoso y compartas tu bendición, podrás disfrutar plenamente de todo aquello que el Señor tiene para ti. Cada vez hay más personas mezquinas y egoístas reclamando cosas para sí mismas pero sin ánimo de compartir con los demás.
Pide con confianza al Señor lo que deseas y lo que necesites. Pero pide, no te quejes ni reclames. Además, cuando obtienes lo que pediste, comparte y ve a otros a dar parte de esa bendición. No te quedes para ti con lo que Dios te da, porque haciendo esto habrás ofendido a Dios. Proverbios 11:25 dice “El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado”.


