Deuteronomio 11:18-20 dice “Grábense estas palabras en el corazón y en la mente, átenlas en sus manos como un signo y llévenlas en su frente como una marca. Enséñenselas a sus hijos y háblenles de ellas cuando estén en su casa y cuando vayan por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten; escríbanlas en los postes de su casa y en los portones de sus ciudades”.
Todo lo que Dios tiene para decir a cada persona en particular, y al mundo en general, está contenido en la Biblia. Ella es la palabra de Dios, es su ley. Allí el Señor revela su carácter, su esencia y su naturaleza. Para conocer a Dios es fundamental leer la Biblia. Cuanto mayor sea tu conocimiento de lo que allí está escrito, mayor será tu relación e intimidad con él.
Todos los días tienes que hacerte tiempo para leer una porción de alguno de sus libros. Así como planificas tantas cosas, y tienes diferentes hábitos. También es bueno tener un plan, y el hábito diario de su lectura.
La Biblia te provee conocimiento acerca de Dios. Te da sabiduría. Produce fe en tu corazón. Es de ánimo y aliento en los tiempos de debilidad. Te direcciona para saber cómo obedecer a Dios. Todo conocimiento es bueno. Pero no existe sabiduría más grande que la de Dios. Y la Biblia nos enseña esa sabiduría. El estudio y la preparación nos hacen inteligentes y capaces. Pero la Palabra del Señor nos da eternidad y un Espíritu diferente y superior.
