Amados

El amor del Señor es una fuente de agua que salta hacia los demás. Déjate amar para que puedas amar.

Es indiscutible que Dios ama a cada persona en particular. No importa que tan grande sean los pecados que hayas cometido, ni que tanto te hayas apartado de él. El Padre celestial te sigue amando siempre con la misma intensidad.

Al amor de Dios no se lo merece, se lo acepta. Romanos 5:8-11 dice “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación”.

El amor se expresa en dar lo mejor en lo que necesita el amado. Para amar correctamente, es necesario saber primero cual es la forma correcta de manifestar ese amor. Y Dios lo hizo de esta manera, enviando a su Hijo al mundo y haciéndolo morir en la cruz, para que todo aquel que lo reciba pase a ser llamado hijo de Dios y obtenga la vida eterna.

Juan 3:16 dice “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Para que el amor de Dios se haga evidente en el mundo, es necesario que haya personas que acepten su amor. Es decir que el amor no solo debe ser transmitido, sino que también debe ser aceptado.

Puede que no te sientas amado. Quizás pasaste por situaciones donde recibiste cualquier otra cosa, menos amor. Hay veces en que aquellos que deberían quererte y cuidarte son los que te lastiman. Pero la fuente inagotable de amor es Jesucristo. Cuando dejas que Dios te ame, no solo te vas aceptar a ti mismo, sino también a los demás. El amor del Señor es una fuente de agua que salta hacia los demás. Déjate amar para que puedas amar.