Génesis 11:27-32 dice “Esta es la historia de Taré, el padre de Abram, Nacor y Harán. Harán fue el padre de Lot y murió en Ur de los caldeos, su tierra natal, cuando su padre Taré aún vivía. Abram se casó con Sarai y Nacor se casó con Milca, la hija de Harán, el cual tuvo otra hija llamada Iscá. Pero Saray era estéril; no podía tener hijos.
Taré salió de Ur de los caldeos rumbo a Canaán. Se fue con su hijo Abram, su nieto Lot, hijo de Harán, y su nuera Saray, la esposa de Abram. Sin embargo, al llegar a la ciudad de Harán, se quedaron a vivir en aquel lugar y allí mismo murió Taré a los doscientos cinco años”.
Esta es la historia de Taré, el padre de Abram, que a su vez es conocido como padre de la fe, hombre que caminó con Dios y amigo de Dios. Sin embargo la historia de Taré es muy distinta a la de Abram.
Taré tuvo el sueño de salir de Ur para llegar hasta la tierra de Canaán. Sin embargo por alguna razón decide instalarse justo a mitad de camino, en un lugar, que dicho y sea de paso tenía el nombre de su hijo fallecido, Harán. Lo más probable es que una de las razones más importantes que llevaron a Taré a renunciar a sus sueños y quedarse a mitad de camino fue el efecto emocional que tuvo sobre él la muerte de su hijo.
Cuantas personas quedan limitadas y condicionadas por una situación vivida o un dolor que no pueden superar. Muchos son los que intentan llevar hasta el final las cosas, pero cuando las dificultades son muchas, deciden renunciar y conformarse hasta donde llegaron.
Dios no desea que fracases en lo que emprendas. Él desea que siempre llegues hasta el final. Para ello necesitas convicción, perseverancia, confianza en Dios y en ti mismo, y el deseo de terminar lo que comenzaste.
Si tú no te rindes, Dios tampoco y él te ayudará hasta el final. Filipenses 1:6 dice “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús”. Dios siempre llega al final, y él está contigo para que hagas lo mismo.


