El poder del perdón

Perdonar no significa volverte amigo o aliado de tu ofensor. Significa poder comprender su actitud hacia ti.

Mateo 5:43-44 dice “Ustedes han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen”.

Cuando Jesús fue llevado a la cruz, la gran mayoría de los que observaban el espectáculo se burlaban de él y lo insultaban. Pero en lugar de ofenderse o enojarse, hace la siguiente oración al Padre. Mateo 23:34 dice “—Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Jesús sabía que si no perdonaba era imposible que cumpla la misión para la que había venido a la tierra. Él entendía que esas personas que estaban allí no tenían idea del plan de salvación, y que era Dios mismo colgando en la cruz. Y justamente, al comprender diferente, y poseer una mirada más elevada de las cosas, le permitió usar un arma poderosa para sanar, liberar y devolver la paz: El perdón.

Perdonar implica decidir no hacer justicia por mano propia, no tomar venganza, no pagar mal por mal, no guardar odio o rencor. Al perdonar, no es que haces libre de las consecuencias de sus actos al ofensor. Pero sí le das la posibilidad a que se arrepienta y se vuelva a tras de su error, por más que el daño sea irreparable.

La persona que está dispuesta a perdonar es alguien que no se deja llevar por la ira. Sino que tiene una mirada mucha más amplia y profunda de la ofensa o el mal recibido. Se da cuenta que el daño viene de un corazón que lo más probable es que esté lleno de amargura y dolor, y que necesita una nueva oportunidad. Para perdonar es necesario observar la fuente de donde nace el daño. También observar las consecuencias sobre tu propia vida y la de los demás si decides guardarte y permanecer con ese dolor. Y por último, que consecuencias tendría sobre ti mismo y sobre los demás si decides perdonar. Perdonar no significa volverte amigo o aliado de tu ofensor. Significa poder comprender su actitud hacia ti. Y además soltar el enojo que destruye tu propio corazón. El que perdona le permite a Dios obrar en su propio corazón.