Efesios 4:22-24 dice “Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad”.
El pasado puede ser para vos momentos vividos, conocimiento y experiencia. O por el contrario, ser una sentencia de tristeza, enojo, amargura, dolor y culpa. La diferencia radica en la importancia y el tipo de valor que le das a tu pasado. También de la relevancia y el significado que adquiere sobre ti. Isaías 43:18-19 dice “Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?”.
El deseo de Dios es transformar tu presente para marcar tu futuro, no de acuerdo a lo que tu pasado determina, sino de lo que el Señor tiene para vos. Pero todo depende de cómo gestiones tu pasado. Si las heridas, los malos momentos, las malas decisiones, los errores, lo que te pasó y lo que te hicieron queda atrás. Solo entonces Dios hará algo diferente. No permitas que tu pasado condicione tu presente y tu futuro. Suéltalo, para que Dios tenga el control de lo que se viene.


