Génesis 12:8-10 dice “Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev. Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra”.
Dios había dicho a Abram que se dirigiera hasta la tierra de Canaán porque lo bendeciría allí. En un principio fue agradecido, adoró al Señor en ese lugar y se estableció allí. Pero al ver que las cosas no salían como esperaba decidió irse a Egipto.
Una de las actitudes más comunes que tenemos frente a lo que nos resulta desagradable o que no sale como esperamos es renunciar, alejarnos o dejar de darle importancia. Y, es lo que hizo Abram. Pero si seguimos leyendo la historia, alejarse del lugar donde Dios le había plantado le trajo serios problemas.
Habacuc 2:1 dice “Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja”. El profeta estaba pasando momentos difíciles que no entendía. Pero en lugar huir decidió plantarse y buscar la respuesta de Dios frente a todo lo que estaba atravesando.
Quizás estés pasando por situaciones que ponen en duda respecto al lugar donde Dios te plantó y lo que el Señor te pide que hagas. Dificultades en la familia, crisis económicas o de relaciones con los demás, enfermedades, problemas laborales, pueden ser algunas de las crisis que hacen dudar del lugar que ocupas y de lo que estás haciendo.
Si Dios te dio una promesa, te posicionó en un lugar, no renuncies ni abandones lo que el Señor te ofrece. Salmos 46:2-3 dice “Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza”.
Si Dios habló a tu corazón, que ninguna realidad o circunstancia te mueva de lo que él te dio. Mantente firme y no dudes. Puede pasar de todo, pero siempre va a prevalecer lo que Dios dice y promete. La bendición es el resultado de que te pares sobre lo que Dios te dio.


